Como Murio FRANCISCO TOLEDO

COMO MURIO FRANCISCO TOLEDO

Nombre completo: Francisco Benjamín López Toledo.
Nacionalidad: Mexicana.
Nacimiento: 17 de julio de 1940.
Fallecimiento: 5 de septiembre de 2019.
Edad: 79 años.
Profesión: Artista plástico, ambientalista, filántropo, activista social.
Lugar de muerte: Juchitán, Oaxaca.

Causa de muerte:
Cáncer de pulmón

Como murio Francisco Toledo: Sobre su muerte y sobre su legado no hay duda. Sí la hubo de su lugar de nacimiento.

Tanto vivió, amó, se inspiró y difundió lo oaxaqueño, que muchos daban por hecho que había nacido allí. Dicho por él mismo en entrevistas: Nació en la Ciudad de México…e hizo nacer en todos lados admiración.

La muerte misma fue parte de su obra, lo mismo que la naturaleza animal y humana; lo sexual y lo escatológico también quedaron incluidos.

¿Hay un lenguaje para incluir a todos? ¿El zapoteca, el español, el de la conciencia? Su obra no sólo fue gráfica, sino de hacer voltear a ver, a valorar, a gozar y sufrir. La muerte de lo tradicional, la muerte de el futuro fue parte de su quehacer. Su imagen corriendo con el canoso pelo alborotado como uno de los niños con los que compartió 43 papalotes de papel y carrizo con las caras de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa hizo del arte un reclamo por la muerte injusta.

Dos años antes de morir le fue diagnosticado cáncer de pulmón. Ya muy enfermo voló en avioneta desde la ciudad de México a su amada Oaxaca, en donde residía permanentemente desde 1992. Murió en su casa. La gente, su gente, al saber la noticia de su fallecimiento, fueron a despedir su obra a uno de los sitios que él formó: al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, en donde dejaron flores, veladoras, mazorcas de maíz y cantaron en su honor.

(como murieron otros Mexicanos Famosos)

Sus restos fueron cremados en Oaxaca. Su funeral fue como él era y como él pidió que fuera: austero, sencillo

Al día siguiente y por dos días en el Palacio de Bellas Artes el homenaje no fue con sus restos mortales, sino con una exposición de 8 de sus obras. Seguramente nadie de los asistentes volteó hacia arriba para ver los hilos de los papalotes por los que, según la tradición zapoteca, su alma bajó a decir que se iba, pero dejaba sus inquietudes, sus llamados; su hacer.

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